Amapolas que crujen, me las unto en las tostadas.
El rigor académico con que mi abuela prepara
unas croquetas sorprende a los pobres funcionarios,
y todos acabamos haciendo una fiesta de pijamas.
Cindy, la reina del baile, se hincha por momentos,
sus miembros explotan a intervalos; aun así
tiene tiempo de preparar brownies para todos.
¡Qué sabrosos!, Mmm… almizcle, digo entre sueños.
Ya hace horas que Segismundo se fue y mi
salón sigue lleno de excrementos, mi loro,
sin embargo, hace mutis por el foro.
“¡Deux ex machina!” grita un indigente
de repente. Un policía negro le dispara.
San Francisco ya no es lo que era. Ya no se
bebe polución en vasitos de chupito, no hacen
mamadas las cajeras de los bancos si
les enseñas el libro de familia.
Todo es pura convención. Y estoy cansado.
Quiero una barbie que sepa hacer cálculo diferencial.
Quiero que Abraham no le gaste bromas a su hijo.
Quiero edificios con sentido del humor.
Quiero que Borges me encere el coche.
Que Kafka baile claqué por los tejados.
Que Lincoln estalle en pedazos.
Que Shakespeare se reproduzca por esporas.
Que reine un poco el seso en la raza humana.
Que si nos extinguimos,
sea por exceso de imaginación,
y no porque a algún capullo le dé la gana.
